febrero 24th, 2012 | Comentarios »

Esta semana toca ser mujer y hablar del amor desde otro punto de vista. Por eso he rebuscado entre mis libros hasta encontrar los versos de la nicaragüense Gioconda Belli. Canela fina, que diría el castizo. En esencia, en los poemas de Gioconda podremos encontrar lo mismo que en todos aquellos autores que se acercan al amor como un deseo de experiencia plena; pero también nos asaltará la voz de quien se siente orgullosa de su condición femenina sin más, y se acepta y se quiere.

Y Dios me hizo mujer,
de pelo largo,
ojos, nariz y boca de mujer.
Con curvas
y pliegues
y suaves hondonadas
y me cavó por dentro,
me hizo un taller de seres humanos.
Tejió delicadamente mis nervios
y balanceó con cuidado
el número de mis hormonas.
Compuso mi sangre
y me inyectó con ella
para que irrigara
todo mi cuerpo;
nacieron así las ideas,
los sueños,
el instinto.
Todo lo creó suavemente
a martillazos de soplidos
y taladrazos de amor,
las mil y una cosas que me hacen mujer todos los días
por las que me levanto orgullosa
todas las mañanas
y bendigo mi sexo.

Hallaremos entre sus palabras la claridad de quien sabe que no le vale cualquier cosa ni cualquier hombre de esos que caminan por la tierra pisando fuerte. Gioconda Belli tiene claro que para amar y ser amado son necesarias unas reglas, que la relación entre hombres y mujeres no es una simple “batalla de sexos”, sino un juego; y como tal deben exigirse unos mínimos para poder participar.

Reglas de juego para los hombres que quieran amar a mujeres mujeres

I

El hombre que me ame
deberá saber descorrer las cortinas de la piel,
encontrar la profundidad de mis ojos
y conocer lo que anida en mí,
la golondrina transparente de la ternura.

II

El hombre que me ame
no querrá poseerme como una mercancía,
ni exhibirme como un trofeo de caza,
sabrá estar a mi lado
con el mismo amor
conque yo estaré al lado suyo.

III

El amor del hombre que me ame
será fuerte como los árboles de ceibo,
protector y seguro como ellos,
limpio como una mañana de diciembre.

IV

El hombre que me ame
no dudará de mi sonrisa
ni temerá la abundancia de mi pelo,
respetará la tristeza, el silencio
y con caricias tocará mi vientre como guitarra
para que brote música y alegría
desde el fondo de mi cuerpo.

V

El hombre que me ame
podrá encontrar en mí
la hamaca donde descansar
el pesado fardo de sus preocupaciones,
la amiga con quien compartir sus íntimos secretos,
el lago donde flotar
sin miedo de que el ancla del compromiso
le impida volar cuando se le ocurra ser pájaro.

VI

El hombre que me ame
hará poesía con su vida,
construyendo cada día
con la mirada puesta en el futuro.

VII

Por sobre todas las cosas,
el hombre que me ame
deberá amar al pueblo
no como una abstracta palabra
sacada de la manga,
sino como algo real, concreto,
ante quien rendir homenaje con acciones
y dar la vida si es necesario.

VIII

El hombre que me ame
reconocerá mi rostro en la trinchera
rodilla en tierra me amará
mientras los dos disparamos juntos
contra el enemigo.

IX

El amor de mi hombre
no conocerá el miedo a la entrega,
ni temerá descubrirse ante la magia del enamoramiento
en una plaza llena de multitudes.
Podrá gritar -te quiero-
o hacer rótulos en lo alto de los edificios
proclamando su derecho a sentir
el más hermoso y humano de los sentimientos.

X

El amor de mi hombre
no le huirá a las cocinas,
ni a los pañales del hijo,
será como un viento fresco
llevándose entre nubes de sueño y de pasado,
las debilidades que, por siglos, nos mantuvieron separados
como seres de distinta estatura.

XI

El amor de mi hombre
no querrá rotularme y etiquetarme,
me dará aire, espacio,
alimento para crecer y ser mejor,
como una Revolución
que hace de cada día
el comienzo de una nueva victoria.

Si no se respetan estas reglas, es posible que las “mujeres mujeres” decidan no amar a los “hombres a secas”, esos que piensan que la humanidad les debe algo por el simple hecho de venir de fábrica marcados “por varón en la ingle con un fruto”. En el mejor de los casos, estos “hombres a secas” debieran estar condenados a escuchar una y otra vez la emblemática canción de Luz Casal.

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febrero 13th, 2012 | Comentarios »

Oye, es lo que tiene el frío y la niebla en las mañanas de invierno, que el cuerpo se rinde y la nostalgia se crece. Por eso, esta semana los poemas que he seleccionado hablan de lo que se fue, del tiempo que se fue y, sobre todo, del recuerdo selectivo de lo que un día fue.

Es seguro que la infancia y la adolescencia no son las edades más felices del hombre; pero es indudable que, pasados los años, como por arte de magia, el recuerdo selecciona unos hechos y sepulta otros en lo más profundo de la memoria. ¿Consecuencia? Los paraísos perdidos, la añoranza de un mundo que, quizás, nunca existió realmente y, sin embargo, en el presente nos resulta más auténtico que la verdad misma. Empecemos por el principio, por la infancia, claro, y Juan Ramón Jiménez, por supuesto.

Cuando yo era el niñodios, era Moguer, este pueblo,
una blanca maravilla; la luz con el tiempo dentro.
Cada casa era palacio y catedral cada templo;
estaba todo en su sitio, lo de la tierra y el cielo;
y por esas viñas verdes saltaba yo con mi perro,
alegres como las nubes, como los vientos, ligeros,
creyendo que el horizonte era la raya del término.

Recuerdo luego que un día en que volví yo a mi pueblo
después del primer faltar, me pareció un cementerio.
Las casas no eran palacios ni catedrales los templos,
y en todas partes reinaban la soledad y el silencio.
Yo me sentía muy chico, hormiguito de desierto,
con Concha la Mandadera, toda de negro con negro,
que, bajo el tórrido sol y por la calle de Enmedio,
iba tirando doblada del niñodios y su perro:
el niño todo metido en hondo ensimismamiento,
el perro considerándolo con aprobación y esmero.

¡Qué tiempo el tiempo! ¿Se fue con el niñodios huyendo?
¡Y quién pudiera ser siempre lo que fue con lo primero!
¡Quién pudiera no caer, no, no, no caer de viejo;
ser de nuevo el alba pura, vivir con el tiempo entero,
morir siendo el niñodios en mi Moguer, este pueblo!

La adolescencia es otro de los momentos capitales de la existencia. Época de cambios, paso de la pureza infantil a una impureza que es necesario aceptar, comprender y, también, dominar. Luis Cernuda quiere referirse a ese cambio de mentalidad en el siguiente poema.

Yo fui.
Columna ardiente, luna de primavera.
Mar dorado, ojos grandes.

Busqué lo que pensaba;
pensé, como al amanecer en sueño lánguido,
lo que pinta el deseo en días adolescentes.
Canté, subí,
fui luz un día
arrastrado en la llama.

Como un golpe de viento
que deshace la sombra,
caí en lo negro,
en el mundo insaciable.

He sido.

Y si de descubrimientos se trata, la juventud es la edad en que el ser humano encuentra el cuerpo del otro. Todo deja de tener sentido si no viene teñido de amor o deseo. Luis Alberto de Cuenca lo expone a la perfección en su poema “In illo tempore”.

Tus padres se habían ido a no sé dónde
y la casa quedó para nosotros,
lo mismo que el convento abandonado
del poema de Jaime Gil de Biedma.
Con la música a tope, preparaste
una mezcla explosiva en una jarra
mientras yo te quitaba, dulcemente,
la ropa de cintura para arriba.
Llenaste las dos copas hasta el borde.
Bebimos. Nos entró la risa tonta,
y se nos puso un brillo en la mirada
que subrayaba nuestra juventud,
y nos besamos como en las películas,
y nos quisimos como en las canciones

Cuando la realidad era el deseo
y nuestro reino no era de este mundo.

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febrero 5th, 2012 | 2 comentarios »

El pasado viernes elegí algunos poemas de Blas de Otero (1916-1979) para la lectura lírica semanal. Lo hice porque es un autor que ha pasado de moda, como el compromiso personal y social, como la mirada reflexiva y la denuncia certera. Ahora se lleva la intimidad ultrapersonal o la palabra brillante que esconde poco tras ella o el ejercicio sobre la forma o la provocación que a nadie provoca, porque estamos curados de espanto. Por eso corren malos tiempos para Blas de Otero, y por eso me decidí por él.

Como casi siempre, empecé por el principio, por uno de sus primeros libros, Ángel fieramente humano (1950). En él se encuentra este impresionante poema sobre la angustia y la ausencia de respuesta. Poco se puede añadir.

Hombre

Luchando, cuerpo a cuerpo, con la muerte,
al borde del abismo, estoy clamando
a Dios. Y su silencio, retumbando,
ahoga mi voz en el vacío inerte.

Oh Dios. Si he de morir, quiero tenerte
despierto. Y, noche a noche, no sé cuándo
oirás mi voz. Oh Dios. Estoy hablando
solo. Arañando sombras para verte.

Alzo la mano, y tú me la cercenas.
Abro los ojos: me los sajas vivos.
Sed tengo, y sal se vuelven tus arenas.

Esto es ser hombre: horror a manos llenas.
Ser —y no ser— eternos, fugitivos.
¡Ángel con grandes alas de cadenas!

Después hablé un poco del cambio de rumbo de su obra poética, del paso de lo existencial a lo social, del yo al nosotros, todo ello al hilo de dos poemas indispensables del libro Pido la paz y la palabra (1955). El primero de ellos aborda la función del poeta y su compromiso con la sociedad y con su arte.

En el principio

Si he perdido la vida, el tiempo, todo
lo que tiré, como un anillo, al agua,
si he perdido la voz en la maleza,
me queda la palabra.

Si he sufrido la sed, el hambre, todo
lo que era mío y resultó ser nada,
si he segado las sombras en silencio,
me queda la palabra.

Si abrí los labios para ver el rostro
puro y terrible de mi patria,
si abrí los labios hasta desgarrármelos,
me queda la palabra.

En el segundo, el poeta bilbaíno nos iguala a todos con Abel, con la primera víctima. La palabra, herramienta que difícilmente podrán arrebatarnos, sirve para abrir los ojos ante lo que sucede.

Me llamarán, nos llamarán a todos.
Tú, y tú, y yo, nos turnaremos,
en tornos de cristal, ante la muerte.
Y te expondrán, nos expondremos todos
a ser trizados ¡zas! por una bala.

Bien lo sabéis. Vendrán
por ti, por ti, por mí, por todos.
Y también
por ti.
(Aquí
no se salva ni dios. Lo asesinaron.)

Escrito está. Tu nombre está ya listo,
temblando en un papel. Aquel que dice:
abel, abel, abel … o yo, tú, él …

Terminé la sesión con un texto que, visto desde la actualidad, se me hace muy significativo. En él, siguiendo la estructura paralelística de las cantigas de amigo gallego-portuguesas, el poeta repite machaconamente una pregunta y, también, una respuesta. Hoy yo me pregunto también dónde está Blas de Otero, desde dónde nos observa con los ojos bien abiertos.

¿Dónde está Blas de Otero? Está dentro del sueño, con los ojos abiertos.
¿Dónde está Blas de Otero? Está en medio del viento, con los ojos abiertos.
¿Dónde está Blas de Otero? Está cerca del miedo, con los ojos abiertos.
¿Dónde está Blas de Otero? Está rodeado de fuego, con los ojos abiertos.
¿Dónde está Blas de Otero? Está en el fondo del mar, con los ojos abiertos.
¿Dónde está Blas de Otero? Está con los estudiantes y obreros, con los ojos abiertos.
¿Dónde está Blas de Otero? Está en la bahía de Cienfuegos, con los ojos abiertos.
¿Dónde está Blas de Otero? Está en el quirófano, con los ojos abiertos.
¿Dónde está Blas de Otero? Está en Vietnam del Sur, invisible entre los guerrilleros.
¿Dónde está Blas de Otero? Está echado en su lecho, con los ojos abiertos.
¿Dónde está Blas de Otero? Está muerto, con los ojos abiertos.

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enero 20th, 2012 | Comentarios »

Los poemas de este viernes tenían que tratar de amor. En primer lugar porque en Literatura Universal estamos metidos de lleno en el análisis de Romeo y Julieta; pero también porque se acerca febrero, ese mes en que los corazones se ponen tiernos. Por esas dos razones os dejo la serie de poemas que hemos leído hoy. En ellos, los poetas se acercan a la pasión amorosa entendiéndola como un Absoluto, como algo que colma plenamente la vida, que obliga a renunciar al resto del mundo para convertir la pasión en el único sentido de la existencia.

Pero antes de leer los textos creo que es bueno mirar esta pintura de Gustav Klimt, ya que refleja buena parte del sentido que los textos literarios comunican.

Y después de la pintura, la literatura. Empezamos por Luis Cernuda y su libro Los placeres prohibidos.

Si el hombre pudiera decir lo que ama,
si el hombre pudiera levantar su amor por el cielo
como una nube en la luz;
si como muros que se derrumban,
para saludar la verdad erguida en medio,
pudiera derrumbar su cuerpo,
dejando sólo la verdad de su amor,
la verdad de sí mismo,
que no se llama gloria, fortuna o ambición,
sino amor o deseo,
yo sería aquel que imaginaba;
aquel que con su lengua, sus ojos y sus manos
proclama ante los hombres la verdad ignorada,
la verdad de su amor verdadero.

Libertad no conozco sino la libertad de estar preso en alguien
cuyo nombre no puedo oír sin escalofrío;
alguien por quien me olvido de esta existencia mezquina
por quien el día y la noche son para mí lo que quiera,
y mi cuerpo y espíritu flotan en su cuerpo y espíritu
como leños perdidos que el mar anega o levanta
libremente, con la libertad del amor,
la única libertad que me exalta,
la única libertad por que muero.

Tú justificas mi existencia:
si no te conozco, no he vivido;
si muero sin conocerte, no muero,  porque no he vivido.

Y otro más, que no se diga.

Unos cuerpos son como flores,
otros como puñales,
otros como cintas de agua;
pero todos, temprano o tarde,
serán quemaduras que en otro cuerpo se agranden,
convirtiendo por virtud del fuego a una piedra en un hombre.

Pero el hombre se agita en todas direcciones,
sueña con libertades, compite con el viento,
hasta que un día la quemadura se borra,
volviendo a ser piedra en el camino de nadie.

Yo, que no soy piedra, sino camino
que cruzan al pasar los pies desnudos,
muero de amor por todos ellos;
les doy mi cuerpo para que lo pisen,
aunque les lleve a una ambición o a una nube,
sin que ninguno comprenda
que ambiciones o nubes
no valen un amor que se entrega.

También Pedro Salinas aborda el amor desde un punto de vista similar en el libro La voz a ti debida.

Para vivir no quiero
islas, palacios, torres.
¡Qué alegría más alta:
vivir en los pronombres!

Quítate ya los trajes,
las señas, los retratos;
yo no te quiero así,
disfrazada de otra,
hija siempre de algo.
Te quiero pura, libre,
irreductible: tú.
Sé que cuando te llame
entre todas las gentes
del mundo,
sólo tú serás tú.
Y cuando me preguntes
quién es el que te llama,
el que te quiere suya,
enterraré los nombres,
los rótulos, la historia.
Iré rompiendo todo
lo que encima me echaron
desde antes de nacer.
Y vuelto ya al anónimo
eterno del desnudo,
de la piedra, del mundo,
te diré:
«Yo te quiero, soy yo».

Y para terminar, un tercer poeta, Vicente Aleixandre, que también escribió sobre el amor como Absoluto en el libro La destrucción o el amor.

Se querían.
Sufrían por la luz, labios azules en la madrugada,
labios saliendo de la noche dura,
labios partidos, sangre, ¿sangre dónde?
Se querían en un lecho navío, mitad noche, mitad luz.

Se querían como las flores a las espinas hondas,
a esa amorosa gema del amarillo nuevo,
cuando los rostros giran melancólicamente,
giralunas que brillan recibiendo aquel beso.

Se querían de noche, cuando los perros hondos
laten bajo la tierra y los valles se estiran
como lomos arcaicos que se sienten repasados:
caricia, seda, mano, luna que llega y toca.

Se querían de amor entre la madrugada,
entre las duras piedras cerradas de la noche,
duras como los cuerpos helados por las horas,
duras como los besos de diente a diente solo.

Se querían de día, playa que va creciendo,
ondas que por los pies acarician los muslos,
cuerpos que se levantan de la tierra y flotando…
Se querían de día, sobre el mar, bajo el cielo.

Mediodía perfecto, se querían tan íntimos,
mar altísimo y joven, intimidad extensa,
soledad de lo vivo, horizontes remotos
ligados como cuerpos en soledad cantando.

Amando. Se querían como la luna lúcida,
como ese mar redondo que se aplica a ese rostro,
dulce eclipse de agua, mejilla oscurecida,
donde los peces rojos van y vienen sin música.

Día, noche, ponientes, madrugadas, espacios,
ondas nuevas, antiguas, fugitivas, perpetuas,
mar o tierra, navío, lecho, pluma, cristal,
metal, música, labio, silencio, vegetal,
mundo, quietud, su forma. Se querían, sabedlo.

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diciembre 23rd, 2011 | Comentarios »

Es viernes, toca poesía. Además llega la Navidad, un tiempo repleto de buenos deseos. Os dejo una felicitación un poco rara: un anuncio y una canción de Bob Dylan en la voz de Joan Báez. Espero que los disfrutéis en lo que valen.

Y ya que estamos, pues os dejo también la letra de la canción.

May God’s blessing keep you always,
May your wishes all come true,
May you always do for others
And let others do for you.
May you build a ladder to the stars
And climb on every rung,
May you stay forever young.

May you grow up to be righteous,
May you grow up to be true,
May you always know the truth
And see the lights surrounding you.
May you always be courageous,
Stand upright and be strong,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young.

May your hands always be busy,
May your feet always be swift,
May you have a strong foundation
When the winds of changes shift.
May your heart always be joyful,
May your song always be sung,
May you stay forever young,
Forever young, forever young,
May you stay forever young.

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diciembre 17th, 2011 | 2 comentarios »

Como ayer fue viernes, tocaba empezar las clases leyendo un poema. En esta ocasión escogí uno de mis autores favoritos: Jaime Gil de Biedma. El poeta barcelonés fue uno de los autores más significativos de la llamada Generación del 50 y su obra oscila entre dos núcleos temáticos principales: su propia intimidad -el yo- y la cuestión social -el nosotros- que nos determina. Sobre ambos temas, la sombra del tiempo que todo lo inunda y explica. Al estar tan marcadas las preocupaciones temáticas del poeta, me decidí a elegir dos textos. Espero que os gusten.

No volveré a ser joven

Que la vida iba en serio
uno lo empieza a comprender más tarde
-como todos los jóvenes, yo vine
a llevarme la vida por delante.

Dejar huella quería
y marcharme entre aplausos
-envejecer, morir, eran tan sólo
las dimensiones del teatro.

Pero ha pasado el tiempo
y la verdad desagradable asoma:
envejecer, morir,
es el único argumento de la obra.

De Poemas póstumos (1968)

Apología y petición

Y qué decir de nuestra madre España,
Este país de todos los demonios
En donde el mal gobierno, la pobreza
No son, sin más, pobreza y mal gobierno
Sino un estado místico del hombre,
La absolución final de nuestra historia?

De todas las historias de la Historia
Sin duda la más triste es la de España,
Porque termina mal. Como si el hombre
Harto ya de luchar con sus demonios,
Decidiese encargarles el gobierno
Y la administración de su pobreza.

Nuestra famosa inmemorial pobreza,
cuyo origen se pierde en las historias
que dicen que no es culpa del gobierno
sino terrible maldición de España,
triste precio pagado a los demonios
con hambre y con trabajo de sus hombres.

A menudo he pensado en esos hombres,
a menudo ha pensado en la pobreza
de este país de todos los demonios.
Y a menudo he pensado en otra historia
Distinta y menos simple, en otra España
En donde  si que importa un mal gobierno.

Quiero creer que nuestro mal gobierno
Es un vulgar negocio de los hombres
Y no una metafísica, que España
Debe y puede salir de la pobreza,
Que es tiempo, aún para cambiar su historia
Antes que se la llevan los demonios.

Porque quiero creer que no hay demonios.
Son hombres los que pagan al gobierno,
Los empresarios de la falsa historia,
Son hombres quienes han vendido al hombre,
Los que han convertido a la pobreza
Y secuestrado la salud de España.

Pido que España expulse a esos demonios.
Que la pobreza suba hasta el gobierno.
Que sea del hombre el dueño de su historia.

De Moralidades (1966)

Si os interesa leer algo más de Gil de Biedma, podéis encontrar una breve selección de su obra en A media voz. También es interesante el documental sobre su vida y obra que en su día emitió TVE.

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diciembre 10th, 2011 | Comentarios »

Hay quien piensa que la poesía es alcanzar la belleza de una determinada forma. Hay quien piensa que la poesía y la belleza no siempre van de la mano. Hay, también, quien piensa que habría mucho que discutir sobre la belleza. Ángel González (1925-2008) es un poeta que se situaría en este último grupo. Os dejo un poema del libro Palabra sobre palabra en el que expone su concepto de creación poética: un poema es lo que tú quieras que sea, no hay una norma, no hay nada que sea correcto.

Esto es un poema.

Aquí está permitido
fijar carteles,
tirar escombros, hacer aguas
y escribir frases como:
Marica el que lo lea,
Amo a Irma,
Muera el… (silencio),
Arena gratis,
Asesinos,
etcétera.

Esto es un poema.
Mantén sucia la estrofa.
Escupe dentro.

Responsable la tarde que no acaba,
el tedio de este día,
la indeformable estolidez del tiempo.

Si te ha gustado el texto, quizás te apetezca leer algo más de Ángel González. Visita la web A media voz y podrás encontrar una buena selección de sus versos.

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